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Productividad, vida sana y desarrollo personal para jugadores de poker

El lado positivo de las cosas

Cuando algo nos va mal, solemos tender a maldecirnos, a lamentarnos y nos sentimos tristes porque las cosas no van como querríamos. Sin embargo, y aunque suene a perogrullada, todo es cuestión del punto de vista desde el que lo mires. Eres el dueño de cómo ves las cosas y de cómo elijes sentirte frente a ellas y es algo que olvidamos fácilmente.

Te pongo en situación con algo que me pasó este fin de semana.

Estoy corriendo una carrera parte del campeonato del mundo y voy de lejos superando mi tiempo del año pasado en cerca de 15 minutos. En ese momento estoy exigiéndome el máximo y aunque paso por paisajes espectaculares, ni siquiera los veo. Voy tan concentrado que sólo me fijo en donde piso, en mantener el ritmo y en controlar la distancia con el corredor de delante.

Corro por un sendero estrecho, con un precipicio a un lado y pared al otro. En el último punto de control me obligan a ponerme el impermeable porque hay tormenta eléctrica. Está cayendo una buena y el agua chorrea a cantaros en forma de cascada por mi gorra. Pero no escucho la lluvia, ni tampoco los truenos, sólo la música que llevo puesta en el móvil que llevo en la mochila.

De repente, la música para y pienso que quizás se ha desconectado el auricular o vete tú a saber qué. Algunas veces pasa. Sigo corriendo y no quiero perder tiempo, así que me mentalizo que pasaré las próximas 3 horas de carrera sin música. No quiero perder ni un segundo.

Resulta que en la última y larga bajada de la carrera, tanteo con la mano el bolsillo donde tengo el móvil y me doy cuenta de que ¡ha volado! Desaparecido.

En ese momento empiezo a maldecir en voz alta mientras no dejo de correr. Un móvil de menos de un mes que me había comprado a propósito. Impermeable. Anti-golpes. Con una batería duradera. Pero no imperdible obviamente.

Aún me falta una hora para acabar, y entre la agonía de dar lo que puedo dar en cada zancada y el cansancio de varias horas corriendo, no puedo dejar de pensar en el dichoso móvil. Estoy corriendo el campeonato del mundo y ¿estoy preocupado por un puto móvil?

Pero para cuando llego abajo y cruzo la meta ya me he resignado y pienso que sólo es algo material. No puedo hacer nada. Con muchísima suerte alguien lo encontrará y quizás lo recupere. ¿5% de probabilidades? Quizás mucho menos.

Después de varias horas a un amigo se le ocurre que podría localizarlo con el localizador de Android, que te permite saber donde está por GPS. Y efectivamente, allí estaba, en medio del recorrido, en una parte, digamos, poco accesible y aún con un 27% de batería (había salido con alrededor del 50% esa mañana).

Localización de mi móvil perdido

Ahora mismo ya es tarde y no tengo piernas para ir a buscarlo, pero decido ir en su busca al día siguiente, aún así no con mucha esperanza ya que como decía, esa parte del recorrido es muy estrecha con un profundo barranco a la izquierda.

A la mañana siguiente, con las piernas destrozadas, vuelvo a calzarme las zapatillas cuando lo ideal hubiera sido descansar durante días, y empiezo a subir por una pendiente de más de una hora y con desnivel de un 20%. No estaba muy seguro de ir a buscarlo, después de todo era sólo un móvil, algo material que en el peor de los casos podría volver a comprar. También pensaba: “¿Cuánto vale mi hora de trabajo? ¿Merece la pena perder el día en ir a buscarlo o podría invertir mejor mi tiempo?”.

Pero llegué a la conclusión de que al igual que en otras facetas de mi vida, para sentirme tranquilo debía hacer todo lo posible por buscarlo, de lo contrario siempre lo tendría en la cabeza.

Conforme empezaba a subir y paraba a tomar el aliento y beber algo de agua, empecé a mirar a mi alrededor. El paisaje era espectacular. Brutal. Cada metro que subía, pese al cansancio, se volvía más en una aventura. Al llegar a mitad del recorrido, empezaba una ruta en una vieja vía de una mina y cruzando varios túneles. El día estaba nublado pero el contraste del sol pasando por las nubes y el reflejo de ellas en el lago de abajo, el lago de Sallente, era brutal. Muy a lo lejos veía la furgoneta aparcada, el punto desde el que venía.

No se cómo explicarlo, pero a cada segundo que pasaba, estaba más agradecido de haber perdido el móvil. Finalmente llegué al Refugio de Gento (con el lago Gento al lado), a unos 2140 metros de altura. Desde ahí tenía tres kilometros más siguiendo el recorrido de la carrera del día anterior, como digo, todo con la esperanza de dar con él de alguna manera.

Toda esa parte del recorrido era la de la tormenta eléctrica. Las piedras resbalaban el día anterior y llovía mucho. No me fijaba en nada. Sin embargo, ahora, el día era perfecto y miraba a mi alrededor alucinándome. Créeme, me da igual que no te guste la naturaleza, cuando estás en un ambiente así, alejado de la pantalla del ordenador, sí o sí te maravillas mirando el paisaje. Te sientes muy pequeño.

Y poco a poco fui haciendo el mismo camino, tomando consciencia de cada tramo del recorrido, mirando el paisaje y buscando mi móvil. Llegué hasta un punto que me parecía más lejos de lo planeado y me di la vuelta de nuevo para hacer el mismo camino de vuelta.

Ya había calentado y podía trotar un poco cuesta abajo, así que me planté en la furgoneta mucho antes de lo esperado. Estaba empapado, me quité la camiseta y dejé que el sol calentara mi piel. Me puse a estirar mientras dejaba el agua hirviendo para cocer algo de arroz y acabé comiendo tranquilamente mientras miraba al horizonte en pleno silencio. Había valido la pena llegar hasta allí y perder medio día en su búsqueda.

El precio del móvil era equivalente a un mes de uso y a descubrir el lago de Sallente con su presa y ese recorrido hasta Gento, que de otra forma, supongo que nunca hubiera hecho. Además, mientras conducía hasta allí (a una hora y media de donde dormía) y hacía este recorrido, me dio para reflexionar mucho y tener algo de tiempo a solas, algo que no muchas veces tenemos.

No quiero ir de tío super-positivo, pero algo tan irrisorio como perder un móvil nuevo, puede hacernos hervir la sangre y volvernos unos desgraciados si no tenemos la mentalidad correcta. Pero si eres consciente de ello, cualquier situación puede verse desde otra perspectiva y podemos entrenarnos para ver el lado positivo de las cosas.

Tu peor sesión o peor mes, ese multiplicador perdido, la ruptura con tu chica, la perdida de un ser querido, una lesión inesperada… en definitiva, de cualquier situación que te vuelva desgraciado puedes aprender algo.

El primer paso es aceptarla y el segundo abrir tu mente.

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