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Hackea tu memoria con 20 minutos de siesta

Hace un buen tiempo era de aquellas personas que odiaba algo tan típicamente español como la siesta. Si me quedaba dormido después de comer no era por voluntad propia y cuando sucedía, levantándome a menudo dos horas más tarde, me sentía destruido.

No se bien cómo, pero hubo un momento en el que empecé a encontrarle sentido y acabé por deducir que cuando la siesta era muy corta, sí me ayudaba a seguir con el resto del día.

Casualmente fui descubriendo que lo que hacía y sentía al echarme a dormir estaba respaldado de alguna forma por la ciencia.

Beneficios de dormir la siesta

Lo de dormir 8 horas y del tirón es una idea relativamente moderna. De hecho la humanidad no siempre ha dormido según esos patrones y desde hace unos años los expertos del sueño llevan planteándose formas más eficientes de dormir, entre ellas el uso de la siesta.

Según estudios ésta puede ayudarte a: Incrementar tu atención y creatividad, reducir el estrés, mejorar la percepción, ¿perder peso? y potenciar la memoria y procesos de aprendizaje. Bueno, también dicen que reduce el riesgo de ataque al corazón pero diría que eso lo dicen en todos los estudios.

Vamos a lo más interesante ¿Por qué mejora la memoria y los procesos de aprendizaje?

Según la investigación del Dr. Olaf Lahl cuando memorizamos algo por primera vez esta información queda retenida en el hipocampo, por lo que aún es “frágil” y podemos olvidarla fácilmente, sobretodo si le pedimos al cerebro continuar memorizando.

Tomarse una siesta hace que la memoria retenida en el hipocampo se mueva hacía el neocortex, la “unidad de memoria” más permanente del cerebro, previniendo así que ésta sea sobrescrita por cualquier otra cosa que estemos intentando memorizar.

Dicho de otra forma, echar la siesta o dormir toda una noche prepara a nuestro cerebro como si de una esponja seca se tratara, lista para absorber cantidades de nueva información.

Cómo dormir la siesta perfecta

Resumiendo, mi solución consiste en dormir un periodo muy corto, entre 15 y 20 minutos.

¿Por qué tan poco? Primero, porque es suficiente para obtener los beneficios de los que hemos hablado antes y segundo, porque durmiendo menos de media hora evitamos el riesgo de tener mucha inercia del sueño.

Inercia del sueño o sleep inertia es lo que sentía al levantarme después de una o dos horas de siesta, ese aturdimiento que tanto odiaba.

Esto se produce precisamente porque pasados varios minutos la actividad y temperatura de nuestro cerebro decrece, y al despertarnos nuestro cerebro no reacciona del todo bien ya que algunas secciones de éste salen del sueño más tarde que otras. Este proceso puede durar de media unos treinta minutos.

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